Cuando decidí ser actor

Cuando decidí ser actor

Les tengo que confesar que desde que tengo uso de razón siempre había verbalizado que sería actor. Creo que como a la mayoría, mis padres y familiares, sonreían pensando que se me pasaría y que luego, cuando llegara la hora de la verdad, elegiría otra profesión. Y fue así mismo, cuando llegué a mi cuarto año tenía que escoger a qué universidad iría y qué estudiaría. Fue ahí cuando pensé que estaba convencido que sería farmacéutico. No duré ni dos años de esa locura que estaba en mi cabeza, sí, porque ya al año de empezar mi grado universitario estaba tomando clases de actuación y ahí fue cuando decidí ser actor.

Como todos se imaginarán no fue una decisión fácil, no solo porque le rompería ese sueño a mis padres de ser farmacéutico, sino porque me inundaba el miedo. Sí, esa sensación de que te paraliza y muchas veces no te hace pensar bien. Llegué a pensar que no tendría oportunidades en esta industria y… sí, ese miedo oculto, de que no lo lograría mis sueños por tener labio leporino y por tener un habla nasal. ¡Imagínese! No tengo un cuerpo definido , no tenía ojos claros y/o sexys par acaparar la atención, no tenía lo que la TV, periódicos, páginas de internet y las portadas de revista han catalogado lo que se necesita para ser actor. ¿Saben qué descubrí? que no era cierto… que me estaba engañando a mi mismo y que el miedo no tenía espacio en mi vida.

Me preparé, estudié fuertemente y emprendí mi camino. Cuando decidí ser actor sabía que no sería fácil, porque vivo en un país donde la mayoría no lo consideran como una profesión, donde el gobierno no le da importancia a las artes y la cultura, donde no se le da la mano a los productores para que echen pa’ lante sus proyectos, donde el pueblo no quiere ver las mismas caras en la TV, pero tampoco apoyan a los nuevos talentos y donde el teatro no es parte de las personas. Vivo en un país donde la prensa prefiere cubrir a las “figuras públicas” que enseñan sus nalgas, a esos “artistas” que se pasan de controversia en controversia y no cubren en su mayoría los nuevos proyectos y al talento nuevo. Yo decidí ser actor no por todo lo negativo, sino, porque es mi pasión, porque me llena, porque respeto y amo esta carrera. Porque también sé que hay muchos que respetan y admiran esta profesión. Hay un público que llena las salas del teatro de este país y no se pierde ni un programa local, porque están viendo a su gente. En este país también hay super héroes llamados productores, actores, técnicos, escenógrafos, maquillistas, que hacen que las cosas pasen con poco o mucho que puedan tener.

Descubrí que unas de las maravillas de ser actor no es una portada de revista o salir en un programa #1 de TV, sino el aplauso del público. Descubrí que hay espacio para todos. Descubrí que cuando se quiere se puede, que no hay excusas y que uno puede crear sin importar qué. Descubrí que en el camino hay personas maravillosas que te dan la mano sin esperar nada a cambio, simplemente porque creen en ti y ven algo más allá del talento… ven el amor que se le puede tener a un proyecto.

Tú no solo trates de luchar por tus sueños… ve y alcánzalos, y de paso ve a ver teatro. Jeje.

Bye,

Emma

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